Los Roques por mar y tierra
Capitanes de veleros y catamaranes defienden el hospedaje en el agua.
por Valentina Quintero, El Nacional, Febrero 05. 2012
Pregonan la dicha de amanecer cada día en un cayo distinto, lanzarse al agua al despertar y navegar en silencio por aguas transparentes. En el Gran Roque abundan posadas lindas, terrazas para el trago de la tarde y tienditas curiosas. Prueben ambos planes
Cómo llegar.
Por aire a través de diversas líneas aéreas que prestan el servicio. Deben reservar con anticipación porque no abundan los cupos.
Por lo general, los veleros y catamaranes están anclados en Los Roques. Si llegaran a ofrecer la travesía hay que estar acostumbrado a largas horas de navegación. Desde 2011, el Ola Cruises ofrece un crucero con parada en El Gran Roque.
Con el viento a favor.
En diciembre inventamos irnos a Los Roques a último minuto.
Por esos regalos de la vida pudimos compartir los veleros de Amílcar y Carvis el Koala y el Santa Ana durante 4 noches gloriosas. Este par de capitanes llevan 20 años dedicados a consentir a sus huéspedes sobre el mar. El Koala tiene 2 camarotes y el Santa Ana, 3. El primero es un barco para navegar y cruzar el mundo, fuerte y sólido. El segundo es el barco de los espacios amplios y el lujo. En ambos la atención es la misma. Al abrir el ojo el plan superior es lanzarse al agua para que el mar transparente sacuda las neuronas. El desayuno estará listo en la mesa de afuera, con frutas, panes, quesos, jamón, huevos al gusto, café, jugos y cereal. En ese momento se decide el plan del día: navegar a Crasquí para almorzar con Forita, seguir hasta Noronkí para visitar las tortugas, ir hasta Cayo de Agua y buscar a unos amigos que anclaron en Francisquí... el parque está ahí para explorarlo.
Los huéspedes son los dueños del velero por unos días. El almuerzo será a la hora que pegue el hambre, lo mismo que la cena. Tragos y cositas para picar. Conversaciones largas y sabrosas. Lectura con viento. Sol o sombra. Son días de placidez. Si les provoca, ayudan en la cocina. Si quieren ser príncipes atendidos como tales, también se vale.
Esta opción es más costosa que irse a una posada. Hay muchos capitanes que prestan este servicio. A mí me parece estelar. Para que se den una idea de las posibilidades, en Noronkí conseguimos un catamarán que le estaba dando la vuelta al mundo. Sus dueños eran ocho españoles que contrataron una pareja para navegar y atender la embarcación.
Cada quien decide en qué parte del mundo desea embarcar, pasar unos días y regresar al hogar. Es el mismo plan que tienen Amílcar y Carvis para el próximo año.
En tierra.
El Gran Roque se ha convertido en una gran posada. Hay más de 70 alojamientos y siguen construyendo. Las hay sencillas, otras muy sofisticadas y otras intermedias. El plan en tierra es levantarse, desayunar y tomar un peñero para ir los cayos. Los posaderos suelen hacer acuerdos con lancheros o tener su propia lancha. En el muelle se toman los peñeros. El motorista lleva a cada quien a su destino, le baja la cava, coloca sillas y toldo y anota la hora en la cual desean regresar. Hay una buena organización, aunque pudieran mejorar el muelle para facilitar embarque y desembarque.
En esta ocasión tuve la dicha de quedarme una noche en la posada La Gotera. Me fascina su ubicación metida en el mar, con el desayuno y las cenas servidos en unas mesitas donde casi te mojas los pies, escuchas y ves las olas, te gozas la transparencia y departes con las gaviotas. Atienden esmeradísimos Mariela y Chino.
En La Terraza nos quedamos otra noche. Confieso mi fascinación por esta posada blanca y luminosa, donde Josefina y Juan Fierro privilegiaron los espacios abiertos, el jardín interior y las esculturas. Construyeron sólo seis habitaciones.
Las habitaciones son grandes, las camas tienen mosquitero, los baños amplios y con agua caliente. Desayunos con arepas, panquecas, pancitos, huevos, jugos, frutas... todo lo que se les ocurra. Las cenas suculentas. Ellos son extraordinarios dueños y anfitriones.
Tienen que preguntarle a Josefina por las obras de Maury Marín, la artesana de Los Roques. Preciosas y delicadas sus cucharitas que hace con conchas recogidas cuando hay rebozo; espejos con caracoles y tronquitos o llaveros.
Gastronomía.
En el Gran Roque se come exquisito en cada posada. Como restaurantes son emblemáticos El canto de la Ballena, con las suculencias de Nelly, abierto a toda hora y con la tiendita de finezas del mundo. En Aquarena es una ricura esperar la hora de la cena instalados en los puff y las sillitas en la arena, viendo el mar, con un aperitivo y algo de picar. Los desayunos son memorables y las meriendas de lujo. También es rico Bora La Mar, pegado de la iglesia y metido en el mar, para estar acompañado de las gaviotas al final de la tarde. La gran novedad es el Art Café, al lado de la posada La Gotera, el propio barcito acogedor con música, puff en la arena, barra y cositas sencillas de picar. Se prende a las 11:00 pm hasta la 1:00 am.
En los cayos la oferta es autóctona. En Crasquí pueden comer donde Forita. Don Lipe creció, amplió las opciones, puso mosquiteros en las mesas y sirve las tres comidas. Si preguntan, pueden quedarse en las tres habitaciones que ofrece atrás. Otro sitio que adoro es La Langosta, en cayo Pirata, atendido por Yaya y Chemané, pegado del mar, piso de arena y detalle en la forma de presentar el plato. Sólo almuerzos. El otro lugar famoso es Polito en la isla Agustín, sólo con reservación. Manjares del mar servidos en mesitas sobre la arena.
Otro dato es contactar a Patricia. Tiene un rancho en cayo Pirata, rústico, pero pulcro y genuino. Si le caen bien, es capaz de alquilar una habitación y ofrecer las comidas. Es sin duda el más "pescador roqueño" de los hospedajes. A los kitesurfistas les encanta.
Patricia tiene ofrece los traslados por todo el parque. Se lo conoce a fondo. Son más de 20 años por esos mares. La recomiendo muchísimo.